viernes, 28 de noviembre de 2008

Suspense: Aquella curiosidad desmesurada

La ciudad disfrutaba de sus últimas horas de luz natural. Era un atardecer de un otoño muy cercano al frío y riguroso invierno. El pulular de vehículos motorizados era muy escaso y las aceras vacías otorgaban un paisaje desolado. Entre bloques de edificios enfrentados, cientos de ventanas se perfilan y algunas personas, ávidas de curiosidad, se apostan en sus oteros como centinelas al acecho. En el 18 de la calle Ganga, 5º piso, uno de esos escudriñadores de lo ajeno, recuesta su persona en el frío cristal de su mirador. Este personaje, no tiene nada mejor que hacer y busca con ansiedad algún elemento novedoso que le permita evadirse de su rutinaria y aburrida jornada vespertina.
Sin más preámbulos os acerco a las interioridades y formas de sentir del citado protagonista. Si anotáis alguna incidencia, digna de mención, en la que os podáis sentir aludidos, pensad que al fin y al cabo somos todos de la misma especie por lo que esta afinidad se podría catalogar de lógica.
Vaya tardecita, estoy tan agobiado, que preciso de algo que me haga disiparme. Ya he quemado los recursos propios, televisión, música, lectura, comida, tan solo me queda la última oportunidad, la de mirar a los demás a ver si puedo advertir algún detalle o anécdota digna de divertimento. Pero llevo más de media hora aquí pendiente y no tengo nada que resaltar. Está claro, me tendré que meter en el sobre y esperar a la rutina del lunes laboral. A ver..., un último vistazo y..., bueno creo que está todo visto. Muchas ventanas, la mayoría a oscuras, con sus persianas o cortinas echadas; no hay nada destacable, aunque, un momento...
¡Ajá, casi me lo perdía, pero no, estos ojitos necesitados de noticias, no podían fallar en presenciar esta primicia! La vecinita del tercero, sí, ya lo decía yo, que esta criatura prometía mucho. Alguna que otra vez le puse el cerco de vigilancia, pero tan solo algunos amagos, breves escarceos amatorios con alguno de sus diversos galanes. Sin embargo, parece que hoy va a dar más de sí. Por supuesto, es hora de colocarme mis prismáticos y de afinar las lentes. Pero bueno, ésto es desproporcionado, la gentil damisela está danzando en paños menores. Bueno, bueno, a fe mía que esta visión no me la esperaba, ni mucho menos, quien me iba a decir a mí, que a estas alturas de una tediosa tarde festiva, un adicto mirón como yo, me podía llevar a mis retinas unas imágenes de tanta jocosidad y valía. Además es que esta bella nudista de baile acompasado, ha creado una coreografía improvisada pero muy gratificante. Pues bien, parece que ha merecido la pena la espera, el momento es el adecuado para coger mi cámara de vídeo digitalizada y, vamos a enfocar para grabar con su poderío de enfoque óptico. Así, sí, es perfecto, el enfoque es el preciso y la definición es la correcta. Sí señor, todo un documento recogido para ser observado más tarde con toda meticulosidad.
No he querido interrumpir las divagaciones de nuestro fisgón, porque me parecía muy conveniente el que pudieseis contemplar, en directo, sus comentarios, parte de ellos expresados a viva voz. Así habéis comprobado como este patológico aficionado, un ser obsesionado con la posesión de lo ajeno al amparo de su anonimato, ha construido su diversión en la intromisión de la privacidad del prójimo, llegando a sentirse orgulloso de capturar un documento más para su colección. Sin embargo, nuestro adicto protagonista, poco se imagina lo que le espera, en esta ocasión su morbosidad curiosa y sus afanes de buscar más allá de lo permitido, le reportará una serie de conquistas inesperadas. Sigamos con él.
Antes de irme a la camita, voy a regalarme con mi última captura, reproduciéndola con todo detenimiento. Lo confieso, me lo paso bomba cuando puedo capturar estas pequeñas joyas del acecho, creo que esta pieza dura por lo menos 5 minutos. No está mal, nada mal. Sí, esta cuarentona, no está nada mal, su cuerpo se conserva muy bien, además sus condiciones físicas son muy plausibles, pues se mueve con mucha agilidad. ¡Ah, que maravilla de la técnica! Con esta cámara, puedo filtrar, acercar, mostrar por segmentos de imagen..., en fin, una gozada: senos medianos, silueta bien torneada, ...
¡No, pero, no me lo puedo creer, si no lo veo no lo creo, resulta que es una travestida, vaya elemento fálico que presenta el sujeto! Increíble, vaya descubrimiento, pues sí que…, con esa apariencia era imposible pronosticar tal desenlace. Bien, pues vamos allá, ésto sí que no me lo esperaba. A ver, su actuación está claro que va dedicada a alguien y claro el individuo, está al final de la estancia…, unos retoques más de afianzamiento de mi herramienta digital y ya está: aquí tenemos la definición del careto de este directo espectador, que no el único claro está. Opción de reserva y grabación del enfoque y ya está, segrego la imagen y voilà (como dicen los franceses). ¡No, no puede ser...!
Pero cómo es posible este descubrimiento, mi único y mejor amigo, el de toda la vida, con el que he padecido, reído, llorado, con el que he comido e incluso dormido en la misma cama. Y ahora, precisamente hoy, después de 30 años de amistad, a los 50 años de edad, descubro que es de la cáscara amarga. Bien, la verdad, es que preferiría haber seguido con mi ignorancia. A partir de ahora, ¿Cómo tendré que actuar con su persona? Dejaré pasar el asunto y me haré el inadvertido. ¡No, no sé si podré! Ambos vamos al trabajo juntos, laboramos en la misma oficina, comemos juntos, jugamos al tenis, vamos al cine, ambos somos solteros y somos confidentes de nuestras aventuras amorosas. Somos más que unos buenos amigos, somos los amigos por excelencia. No podré ocultarlo, me conoce demasiado, no sé qué hacer. ¡Ah, maldita sea, por qué me metido en este problema!, todo por culpa de mi estúpida afición. Un momento, tan solo un momento, él hoy, no ha podido venir a salir conmigo, porque tenía familia foránea, ya la perfecta excusa, claro, tenía cita con una de sus conquistas. Bien, eso a mí no me importa, que sea lo que quiera ser, allá él. Pero ahora, no sé qué hacer, ¿Cómo actuar?
No tengo más remedio que tomar una determinación, fingiré que no sé nada, aunque la verdad, nada volverá a ser lo mismo, en absoluto. No tengo nada en contra de los homosexuales, pero claro, uno es muy viril y no admite discusión en este tema. Me voy a la cama, no me obsesiono más, necesito descansar.
Nuestro aficionado al escudriñamiento de las vidas ajenas, esta vez, ha tenido que pasar por una experiencia novedosa para él: ha gozado con unas imágenes y se ha preocupado con el descubrimiento de identidades sexuales inesperadas. De improviso su mundo cuadriculado, se le ha venido encima: su mejor amigo es homosexual, su vecina tiene la misma mentalidad; incluso ha roto con uno de sus fundamentos de convivencia, que ha sido el tener en su mejor amigo al mejor confidente. Ahora tendrá que actuar y mentir. No tiene dudas sobre su definición sexual, pero hace unos minutos tampoco la tenía en las de su amigo, jamás lo hubiera pronosticado y sin embargo allí tenía una prueba irrefutable. Las imágenes eran harto elocuentes. Pero esta primera premisa, no termina aquí, aún queda más materia de abundamiento. Son las 4 de la madrugada y un teléfono suena en la habitación de nuestro personaje atormentado.
- ¿Sí, dígame?
- ¿Sr. Galdámez?
- Sí, dígame, ¿Quién me llama a estas horas?
- Lamento despertarle, pero el único teléfono de contacto que poseía la víctima era éste.
- ¿Sí, que ha pasado?
- ¿El Sr. Blanquillo, es amigo suyo?
- Bueno, sí.
- Lamento comunicarle que ha fenecido.
- ¿Cómo?
- Sí, perdone que haya sido tan brusco dándole la noticia, considero que ha sido para usted una noticia desagradable e inesperada. Sin embargo, necesitamos que acuda a los efectos del pertinente reconocimiento. Le espero aquí en el tanatorio médico forense. Como comprenderá es urgente porque el juez precisa la pertinente comprobación.
- Acudiré lo antes posible.
Nuestro conmovido protagonista, se muestra perplejo, su mejor amigo aquel recién descubierto amanerado, ya no vivía. Atrás quedaban tantos años de experiencias y de buenos momentos. Sin duda, aquella rutinaria sosa tarde otoñal, se había tornado demasiado complicada y penosa.
- Sr. Galdámez, le reitero las más sinceras condolencias y le agradezco su pronta presencia. Comprendo su actual estado emocional, no en vano, era su amigo y además les unía cierta afinidad sexual, ya que tenemos entendido que era su compañero sentimental.
- ¿Cómo, de qué habla?
- Mire, tranquilícese, le reitero que trataremos de ser escrupulosos con la publicidad de estos datos, aunque ya sabe que los periodistas son linces en estas cosas. Además en el sumario del caso constará el apunte de que el asesino de su amigo, convicto y confeso ha declarado que usted le había ganado sentimentalmente la partida.
- ¡Qué me dice, ésto es nuevo para mí!
- Como quiera, comprendo su actual estado psicológico y también el que quiera preservar su confidencialidad. El motivo de su presencia es el siguiente, muy cerca de su domicilio, en el tercer piso del edificio de enfrente de usted, se ha cometido esta noche un asesinato. La víctima, parece que obedece a la afiliación de su amigo, el Sr. Blanquillo, sin embargo dado el estado en el que ha quedado su faz, no podemos corroborar con la foto de su carné, estos términos. En su cartera, de su puño y letra, una reseña le citaba a usted, este ha sido el motivo de citarle, además de la confesión de cargo de la presunta homicida, la señorita Voltaré.
- Estoy muy confuso y desconcertado, mi mejor amigo, ¿Muerto a manos de una mujer? ¿Qué tengo que hacer?
- Es fácil, deberá identificar a su amigo, por alguna parte significativa de su anatomía, ya le he explicado lo imposible que es a través del rostro.
- En efecto, el tenía un lunar en la parte posterior de la pierna izquierda, sí aquí lo tiene, es él. ¿Pero como es posible que una mujer le haya aplastado la cabeza con tanta brutalidad?
- Le recuerdo, que era una transexual y que tenía la misma fuerza o más que pueda tener usted, ¿Me entiende? Se trata de un crimen pasional, ella, la asesina no pudo resistir que su amigo, el Sr. Blanquillo, decidiera dejarla porque sentía que le era infiel a usted, ¿Comprende Sr. Goldámez?, así que la despechada mujer no pudo aguantarlo y le machacó la testa. A los minutos llamó a la policía y se confesó convicta y confesa y además no dudó en pronunciar, que la causa de todo había sido la maldita dependencia que le profesaba a usted, lo amaba hasta límites insospechados y le hizo separarse de ella.
Tan solo han pasado unos meses desde aquel desenlace funesto, todavía me siento vacío, por la ausencia de mi buen amigo. Mis aficiones a mirar lo ajeno se han esfumado de mi vida. La colección de cintas grabadas, las he destruido; y la cámara, duerme el sueño de los justos en el armario. Desde aquel incidente mi vida ha cambiado radicalmente, soy un solitario recalcitrante, sin embargo, mi seguridad, en cuanto a mi identidad sexual, ya no es tan contundente. Hoy mismo, si tuviera al lado a mi amigo, no hubiera actuado como un hipócrita sino que le habría comprendido, al fin y al cabo, la amistad siempre prevalece por encima de credos, sexos y tendencias culturales.

domingo, 23 de noviembre de 2008

Teatro: Un Mundo sin extraños colores de piel




Año 2.107. El planeta Tierra localizado en el Sistema Solar de la Vía Láctea, estaba a punto de desaparecer.
Los artífices de esta catástrofe eran sus propios habitantes, los humanos. Habían descuidado, agotado y contaminado tanto el planeta que estaba muy cerca de su extenuación.
Además de este previsible desenlace del patrimonio natural, la mentalidad y costumbres del hombre contemporáneo, se habían transformado, para mal, en un rol en el que la intolerancia egocéntrica impregnaba todo lo rodeaba a su existencia.
En resumen, los problemas medioambientales del antes llamado Planeta Azul eran los siguientes:
- Destrucción total de la capa de ozono. (Sólo sobre la ciudad de Cádiz restaba una pequeña parte de la antigua ozonosfera). La exposición al Sol sin la pertinente exhaustiva protección solar de grado máximo era mortal.
- Incrementación del efecto invernadero. Las temperaturas mínimas en los polos del planeta, no bajaban de los 15 grados centígrados a la sombra en invierno. Durante el verano, las temperaturas promedios rondaban los 45 grados centígrados. Sólo había una excepción: la ciudad más antigua de Occidente, Cádiz, que continuaba manteniendo sus temperaturas tradicionales. Merced a su particular ubicación, los vientos imperantes de Levante, la ya mencionada capa débil de ozono que la defendía de la insolación abrasiva y por supuesto de un factor por descubrir y poder sintetizar su agua salada de peculiar combinación.
- El núcleo de la Tierra estaba sobrecalentado, lo que suponía un peligro similar al de una bomba de implosiva de dimensiones catastróficas.
La situación político-social era la siguiente:
- Habían sido exterminadas todas las razas humanas existentes en el planeta excepto la blanca. Una inexplicable y sospechosa enfermedad había atacado a las razas con pigmentaciones diferentes a la raza blanca. El resultado, millones de personas negras, amarillas y de todo color distinto a la de raza blanca muertas en un holocausto apocalíptico de miles de millones de personas.
- Las mujeres estaban totalmente discriminadas. Sus dos únicas funciones eran la procreación y el servicio doméstico al servicio del esposo y de los hijos.
- Los afeminados, en la clandestinidad, también estaban perseguidos y excluidos en cuanto a derechos sociales se refiere. Se consideraban inhumanos por tener tendencias sexuales diferentes a las de los demás hombres heterosexuales. Se veían obligados a reunirse en locales secretos subterráneos. Actualmente el grupo estimado es muy residual, puesto que, existía un grupo infiltrado de bisexuales exterminadores, de procedencia desconocida, que estaban diseminando una tara genética de auto extinción.
Como se ha podido comprobar, la situación era espantosa y Dantesca. Soportar diariamente las pésimas condiciones de vida que ofrecía el decrépito planeta, sino también resistir el sistema de gobierno impuesto, similar a un gobierno Nazi, en el que se buscaba perpetuar a una raza superior y se discriminaba a todo el que no pensara tal como el Estado dictatorial obligaba.
Conociendo el ambiente, vamos a enfocar el relato hacia la ciudad de la luz y el mar, Cádiz. Al ser la ciudad menos contaminada y estando considerada como la más idónea para vivir, un grupo de tres prestigiosos científicos, constituyeron un pequeño grupo, exclusivo, para investigar las características propias del ecosistema gaditano. Así, una vez consensuadas las conclusiones, tal vez, podrían ser exportables y así sanear el resto del planeta, cuanto menos en el marco medioambiental.
El anteriormente citado grupo estaba compuesto por:
- Don Gocu Reverte: Catedrático en Matemáticas de universidad. Su trabajo era resolver los problemas planteados desde la base matemática. Era una persona solvente y reconocida en el mundo por la aplicación y resolución de problemáticas de difícil tratamiento. Su talento y objetividad aunque parecieran acomodaticia al Sistema imperante, estaban íntegros e invulnerables.
- Don Hortensio del Río: Catedrático en Medicina e Investigación. Era un personaje que mantenía una faceta oculta, que se desvelará durante el transcurso de la narración.
- Don Hermenegildo López: Catedrático en Física y Química. Su misión, aparte del apoyo físico-químico, informático y lingüístico, (pues dominaba ocho idiomas), consistía en ejercer la dirección del grupo. Se trataba de una persona fría y calculadora, muy intolerante. Siempre a favor de la discriminación de la mujer y de los afeminados, así como de la superioridad de la raza blanca en detrimento de las otras razas. La extinción de las demás razas era para él una prueba evidente de que eran inferiores.
Tras la exposición de los personajes, comenzaremos la historia en una día cualquiera, en su sesión de noche, al término de la jornada de trabajo. Estamos situados en el laboratorio secreto de los eruditos gaditanos.
Hermenegildo: ¡Vamos gandules!, diez minutos más y os podéis retirar a vuestra casa, a la calle, o al mismo infierno si gustáis.
El resto de científicos: Sí, señor.
Hermenegildo: Y a ver si mañana venís con más ganas de trabajar. Os veo dormidos, a primera hora. ¡A saber lo que hacéis por las noches!
Hortensio: Señor, con todo respeto, nuestra vida privada no es de su incumbencia.
Hermenegildo: Por supuesto que su vida particular, no me importa en absoluto, pero lo que sí me incumbe es vuestro rendimiento. Si vuestro tiempo libre os perjudica en la rentabilidad de vuestro trabajo, entonces sí tendré que intervenir debidamente. Estamos aquí para intentar salvar al Mundo, no lo olvidéis en ningún momento.
Gocu: Perdone Señor, pero acabo de resolver esta ecuación que nos permitirá poner en práctica el próximo experimento para el rayo regenerador de la superficie terrestre.
Hermenegildo: ¡Éste sí que es un científico!. Todos los días, sin excusas, trabajando conforme a sus máximas posibilidades. Muy bien, el experimento tendrá lugar mañana. Ya os podéis largar de aquí.
Todos: Buenas noches, señor.
Hermenegildo: Por muy amables que seáis no os voy a subir el sueldo, así que os podéis ahorrar las cortesías. Un momentos, permanezca aquí don Hortensio, he de hablar con usted. Don Gocu, usted se puede retirar, por hoy ha cumplido.
Una vez desaparecido del escenario el Doctor Gocu, comienza el parlamento de los otros dos científicos.
Hortensio: ¿Qué desea de mí, señor?
Hermenegildo: He de hablar francamente con usted. Tome asiento.
Hortensio: Le escucho.
Hermenegildo: He notado, desde hace unas semanas, un bajo rendimiento en su persona con respecto al grupo. Tan solo la labor de Gocu y la mía están salvando el rendimiento óptimo de nuestra exigente investigación. Quiero, por su parte, una explicación racional y convincente.
Hortensio: Bueno, es que trabajamos de sol a sol y tenemos poco tiempo para divertirnos. Demasiada tensión y esfuerzo. Ahora por ejemplo tengo la cabeza que …
Hermenegildo: ¿Excusas con migrañas infundadas? ¿No se divierte usted trabajando? ¿Acaso no es para lo que está usted aquí?
Hortensio: Sí, señor, me gusta mi trabajo; pero necesito tiempo libre como todo el mundo.
Hermenegildo: Usted no puede desear más de lo que tiene. Lo tiene todo. Inteligencia, ropa, comida y dinero, ¿Qué más quiere?
Hortensio: Quiero intimidad, libertad y tiempo para hacer lo que necesito y quiero.
Hermenegildo: De acuerdo. Haga lo que desee. Ya conoce el horario de entrada, espero que lo respete escrupulosamente.
Hortensio: Éso no representará ningún problema.
Hermenegildo: Antes de irse, tómese este comprimido analgésico. ¿No comentaba antes que le dolía la cabeza.
Hortensio: Muy agradecido, señor.
El confiado médico, ingiere la pastilla y se retira. El comprimido estaba constituido por una capa de paracetamol, y en su interior había un microchip que mediante un sistema inteligente, llegaba a los receptores oculares y tomaba una copia de las señales de visión. Esta señal la transmitía, vía satélite, al receptor de don Hermenegildo, que percibe así, todo lo que don Hortensio ve. Es como ver por los ojos de otro sin alterarle a éste su visión, pues el aparato sólo enviaba una copia. Además, el mismo microchip era capaz de realizar esta actividad con los receptores acústicos y además en simultaneidad. Así el desconfiado y curioso de don Hermenegildo podía ver y escuchar al mismo tiempo controlando los actos de don Hortensio sin que éste se percatara de ello.
Primeramente, don Hortensio fue a su residencia donde se vistió con una indumentaria muy extraña que don Hermenegildo no había visto nunca. Después, don Hortensio se dirigió hacia lo que parecía un local subterráneo totalmente desconocido para don Hermenegildo. Durante el camino pensaba para sí:
Hortensio: ¿Qué querrá el explotador ése con tanto interrogatorio? Me parece que empieza a sospechar de lo que hago por las noches. Sabía que se terminaría dando cuenta, ¿Qué hago ahora? Bueno, calma, que sospeche no significa que lo sepa con certeza. Pero creo que voy a tener que suspender mis prácticas nocturnas hasta que se disipen sus elucubraciones. Aunque, pensándolo bien, no lo considero necesario. Él no me puede ver y además no puede aportar ninguna prueba, con lo cual, puedo estar tranquilo. Aligeraré el paso que voy a llegar tarde.
En estas y otras reflexiones, llegó a la puerta de un local subterráneo, dónde, tras decir la contraseña, penetró en su interior.
Don Hermenegildo quedó asombrado al ver aquel local repleto hasta los topes de hombres con la indumentaria semejante a la de Don Hortensio. De repente, sonó una música seguida de unos movimientos tan obscenos, que don Hermenegildo, perplejo, trasladó a su faz una expresión de asqueo y desgana.
Tras finalizar lo que parecía ser una coreografía, don Hermenegildo continuó grabando toda lo que acontecía hasta formar un documento de prueba que fuese definitorio.
Llamó, vía telefónica, a don Gocu que estaba repasando unas fórmulas en el laboratorio de su casa; para que le ayudase a pensar una solución al problema que se le presentaba.
Gocu: Aquí me tiene Señor, siempre a sus órdenes.
Hermenegildo: En efecto, observe con detenimiento.
Le mostró la copia del seguimiento de Hortensio en el local nocturno y clandestino.
Gocu: Es evidente, señor, que nuestro amigo pertenece a una de las logias de afeminados que hay diseminadas por todo el Mundo.
Hermenegildo: Ésto no se puede tolerar. Mañana le seguiremos hasta el local y con estas pistolas de rayos paralizantes inmovilizaremos a todo el mundo salvo a nuestro afeminado compañero. A éste le traeremos preso en el interior de un escudo magnético y le daremos su escarmiento. Como es menester eliminar tan odiosa afeminada peste de la faz de la Tierra, colocaré una micro bomba de electrones libres en un punto estratégico del local. Así devastaremos todo ser orgánico y dejaremos intacto el inmueble, no en vano, Cádiz tiene pocos metros de superficie útiles.
Gocu: De acuerdo, señor.
Hermenegildo: Antes de irse, dígale a don Hortensio que mañana se puede tomar el día libre. A usted lo espero aquí a las ocho de la tarde para llevar a cabo el plan.
Gocu: Por supuesto.
Al día siguiente a la hora convenida, los dos científicos se personan en las inmediaciones del local. Don Hermenegildo en un momento determinado da la señal.
Hermenegildo: ¡Ahora!
Tras varios segundos de acción, todos terminan paralizados. Don Hermenegildo deposita la bomba nuclear y pone en marcha la secuencia de detonación para el periodo de eclosión máximo de una hora.
Don Hortensio, atrapado en el escudo, observa impotente cómo es trasladado al laboratorio secreto.
Hermenegildo: Así que, ¿Esta era su intimidad perturbadora, eh?
Hortensio: Señor, esto que usted nos ha hecho es inhumano.
Hermenegildo: Ustedes y vuestro comportamiento sí que son invertidos y degradados. Por ello van a ser aniquilados como, en su momento, lo fueron las otras razas inferiores. Si para las razas inferiores vino una ayuda genética destructiva, para vuestras existencias homosexuales tendremos que arrimar nuestro esfuerzo.
Hortensio: Todos tenemos derecho a ser lo que deseemos. Usted no es nadie para eliminarnos.
Hermenegildo: Es lo que merecen. Sois una especie desviada y perdedora, nosotros los heterosexuales somos la vanguardia y los poderosos.
Hortensio: ¿Es pernicioso que hagamos lo que queramos sin molestar a nadie?
Hermenegildo: Sí, es nocivo e indigno y por ello no es lícito que existan. El hombre es hombre y la mujer es mujer, no debemos cambiar el equilibrio de la naturaleza.
Hortensio: ¡Compasión, señor, no nos mate! Invoco a su sabiduría como científico. Sea tolerante y reflexione.
Hermenegildo: No, su verdad es mediocre, relativa y equivocada. Cuando una aberración de la naturaleza aparece por equivocación, hay que extirparla. No le voy a matar por ahora. Trabajará hasta conseguir el objetivo por el que se fundó el grupo: salvar la Tierra. Si conseguimos que el planeta sobreviva, entonces, personalmente, yo mismo le mataré.
Mientras conversaba Hermenegildo con el recién condenado don Hortensio, don Gocu sacó su pistola láser y sin dar tiempo a don Hermenegildo a activar su escudo electromagnético protector, lo mata de dos tiros certeros en el vientre. Agonizando, musita don Hermenegildo:
Hermenegildo: ¿Por qué?
Gocu: Porque he descubierto que no merece usted otra cosa. El nuevo mundo no se forjará sobre la intolerancia de unos pocos desalmados, sino sobre el amor, el respeto y la concordia entre todos. Nuestra misión es conciliar, consensuar y fomentar la concordia. Los que hayan sabido cumplir ese cometido, podrán vivir felices aquí en nuestra dimensión y en la otra esfera, donde no existe el tiempo, ni el espacio, ni el sufrimiento, ni las limitaciones. Aquellos intolerantes que se pretendan tiranizarnos, deberán ser depuestos y confinados. A los más peligrosos se deberá plantear su eliminación para evitar males mayores.
Ya muerto don Hermenegildo, don Gocu libera de su prisión al científico y desactiva la bomba a del club nocturno.
La fórmula matemática de Gocu sistematizó la aplicación ulterior de una terapia rehabilitadota del Medio Ambiente a nivel Mundial. La salina combinación de la Mar de Cádiz en un equilibrio, matemáticamente ajustado, dotó a todo el planeta de su nueva oportunidad de vigencia. Meses después, el estado de la Tierra mejoró considerablemente.
Como consecuencia del favorecimiento del Medio Ambiente, las nuevas colonias de seres humanos de, sólo raza blanca, se fueron diseminando por el espacio terráqueo. La flora y la fauna comenzaron a emerger de forma inusitada. Fruto de este masivo y avasallador florecimiento de la Naturaleza, de la recuperación de manto de ozono, es la nueva civilización humana, más limpia, más tolerante, más optimista, más cercana a la comprensión de sus limitaciones y de su papel de buenos y meros gestores de su planeta.
El primer presidente de la Tierra, en el que no existían estados, ni países, ni fronteras; fue Gocu Reverte, natural de Cádiz, científico e investigador. Creador de la fórmula salvadora del amanecer del nuevo Medio Ambiente terrestre. Y como no ideólogo y filósofo del renacimiento del humanismo altruista solidario. No le hizo falta hacer campaña electoral, porque su trayectoria personal y testimonial le fue suficiente. Su ideario es directo, sincero y muy motivador. El mensaje que relató el día de su toma de posesión fue el que todos conocemos.
Gocu Reverte: “Nuestra misión es conciliar, consensuar y fomentar la concordia. Los que hayan sabido cumplir ese cometido, podrán vivir felices aquí en nuestra dimensión y cuando transcendamos, en la otra esfera, en la que no existe el tiempo, ni el espacio, ni el sufrimiento, ni las limitaciones.” Tras finalizar la síntesis de su pensamiento. Después de esbozar una sonrisa, entre las aclamaciones del multitudinario gentío, hizo un esfuerzo por continuar exponiendo su mensaje.
Sr. Presidente Gocu: Nuestros hermanos de razas extinguidas, millares de millones muertos por una maldita enfermedad, están contemplando con gozo, como nuestro Mundo es hoy, mucho mejor que hace, tan solo, unos meses. Su entrega y sacrificio no ha sido en vano. Desde la Luz de su nueva existencia plena, se regocijan y hacen votos porque perseveremos en vigilar y neutralizar a aquellos intransigentes que atenten contra la solidaridad humana. Por último, a quienes pensaban, mentes ridículas y miserables, que la raza blanca era la prevalerte, porque había salido indemne de la devastadora epidemia….
Les voy a confesar un hecho detectado, muy recientemente, que a todos nos servirá de reflexión y de confianza: En las playas de Conil de la Frontera, Zahara de los Atunes, las nuevas colonias de seres humanos, ya han visto nacer a sus primeros descendientes…
Sí, es una gran noticia, la recuperación demográfica de la humanidad, pero hay más que decir. De cada 13 seres nacidos la proporción matemática ha sido proporcional y reiterada, 3 son blancos, 3 son negros, 3 amarillos, 3 rojos y el décimo tercero ha nacido con una piel cuyo color es acomodaticio a la percepción de aquel que lo observa. Es decir, según quien lo mira lo puede apreciar blanco, negro, amarillo, rojo. La conclusión estimados conciudadanos es obvia, una única naturaleza humana y una presentación adaptada a su medio ambiente directo. Y por si, en un futuro próximo, nos vuelve a entrar dudas acerca de la unidad del tronco común humano, como gestores igualitarios de nuestro planeta, tendremos a nuestro lado a un ser que será blanco, negro, amarillo o rojo, y que vivirá a nuestro lado para recordarnos este sencillo gesto de unidad entre razas.
La Naturaleza del Creador, harto de equívocos nos ha señalado un referente incuestionable, no hay diferencias en la piel, ni en el sexo, ni en la sexualidad, nuestra distinción es nuestra propia forma de darnos a los demás.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Relatos Policíacos: El último recurso, Pedro Pi de Pedro, inspector gaditano.

Cuando la situación había llegado a ser insostenible, cuando nadie veía una posible solución inmediata; un hombre desconocido para todos, nos hizo recobrar la esperanza.
La ciudad de Cádiz amanecía con un cielo entoldado. Los primeros vehículos discurrían por las diferentes avenidas. De improviso, un coche patrulla de la policía, se abría camino entre el agolpamiento de personas. Al lado de unos contenedores de basura, el cadáver calcinado de una persona era contemplado por los curiosos.
- ¡Venga, vamos, que esto no es una feria! No hay nada bonito para la vista. Cada uno para su casa.
- Menos palabras y más eficacia.
- Éso, ¿Para qué sirven tantos agentes de policía? Que sepamos, ésta es la vigésima víctima de “el Incendiario”.
- Tranquilícense, hacemos lo que podemos.
Una vez más, las repetidas imágenes de reconocimiento, levantamiento del cadáver, y un sinfín de movimientos de vehículos policiales; se sucedían.
La opinión pública, la prensa, la televisión local, la radio,... En definitiva, la sociedad gaditana se sentía atemorizada por la despiadada intervención del psicópata asesino en serie, que había sido denominado con el apodo de “el Incendiario”. Este apelativo era una directa referencia a su reiterada obsesión por quemar a sus víctimas. Sin embargo, la crueldad y la bestialidad de sus actos, no se limitaban a este aberrante comportamiento. Con una premeditada planificación, el asesino múltiple, escogía a los futuros interfectos a los que incautos e indefensos, sometía, con carácter previo a su incineración, a un repetitivo ritual escalofriante y sanguinario.
Las investigaciones desarrolladas por la policía, habían sido, hasta el momento, completamente infructuosas. Gran parte de los detalles más morbosos, habían sido clasificados como reservados. De esta manera, ni siquiera la prensa había podido filtrar a la sociedad los temibles detalles de las actuaciones del asesino. Aparentemente, su modo de operación era el secuestro, retención y posterior incineración de los desdichados que caían en sus redes. El perfil reiterado en las víctimas era el que correspondía a mujer de raza blanca, de unos veinte años de edad y con características muy semejantes en su apariencia externa. Es decir: en cada uno de los veinte casos de luctuosos fallecimientos, la estatura de las finadas era casi idéntica, asimismo, color de pelo, ojos y piel; eran otros datos similares. Por lo tanto, el patrón fijo del psicópata, estaba muy definido: Mujer de pelo azabache y preferentemente corto, ojos castaños, estatura de 160 centímetros a 165 y piel morena. Tan sólo dos de las veinte víctimas llevaban el pelo largo (en origen), sin embargo, el homicida, con posterioridad a su vil y criminal comportamiento, procedió a recortar con meticulosidad el cabello de ambas.
En la comisaría central de la localidad, el comisario jefe, Héctor Bonifacio, estaba reunido con los agentes encargados del caso.
- Vamos a ver, esto se está poniendo insoportable. No saben la presión que estoy soportando. Esta misma mañana, me ha llamado el Subdelegado de Gobierno, la Alcaldesa, el mismo Presidente de la Junta y por si fuera poco, el Presidente del Gobierno de la Nación. Todos y cada uno, me han puesto las orejas calientes y no entienden que tras un mes de asesinatos, no hayamos capturado a esta rata de cloaca. Les he encargado el caso porque creía que eran los mejores. A ustedes tres, señores inspectores de policía, les he proporcionado dedicación exclusiva para este caso y además todos los medios disponibles. Pero, ¿Qué resultado han obtenido?
- Señor comisario, llevamos veinte días sin dormir apenas, comiendo mal, sin ver a nuestras respectivas familias, hemos hecho todo lo que hemos podido, pero este maldito criminal es muy escurridizo.
- Maravilloso, éso es lo que me van a presentar como pretexto, ¿Su trabajo?, ¿Su esfuerzo?, ¿Su dedicación absoluta?... Pues no es suficiente, porque en buenos profesionales, se infiere su entrega en casos de extrema gravedad. Necesito inspiración, lucidez, brillantez; necesito resultados, pero ahora mismo. Sí, no pongan caras de escepticismo, quiero confianza e ímpetu para resolver este tránsito tan espeluznante. Inspectores Ortiz, Blanco, y Piedecausa, ¿Están dispuestos a capturar a este demonio?
Los tres inspectores con facciones hieráticas, cansadas y ciertamente poco convencidas, no se atrevían a musitar palabra.
En ese momento suena el teléfono del comisario Héctor Bonifacio.
- He dicho que no se me moleste, ¿Acaso es complicado seguir esta sencilla orden?
- Lo siento mucho señor comisario, pero acaba de llegar un correo electrónico urgente. Viene del Ministerio del Interior, y dice así: “Dado los escasos resultados obtenidos hasta el día de la fecha, en la captura de “el Incendiario”, le ordeno que acoja en su grupo de investigación al famoso detective privado gaditano Pedro Pi de Pedro. Los emolumentos por sus servicios, ya han sido acordados por este Ministerio. A partir de este momento, tiene plenas atribuciones a la hora de la investigación. Espero y deseo la pronta resolución del caso. Firmado: Ángel Percebe”.
- Bien, a partir de hoy, tienen nuevo compañero y jefe de equipo, supongo que todos ustedes lo conocen, pues ha resuelto numerosos casos en toda la comarca gaditana. Sí, reconozco que es un hombre un tanto extraño y cuyas ocurrencias, aunque brillantes, suelen ser un tanto inverosímiles. Pero, órdenes son mandatos y yo los acato. Pueden volver a vuestras ocupaciones que son muchas y perentorias. ¿Alguna cuestión que aclarar? Adelante, inspector Blanco.
- ¿De verdad cree que con este tipo extravagante, vamos a resolver la situación?
En ese momento hace entrada en el despacho del comisario, Pedro Pi, el investigador citado. De manera inmediata responde al inspector Blanco.
- Es lógico pensar que con su obtusa mente vaya haciendo, cada vez más, gala a su apellido. Ya me entiende, mente blanca, mente plana.
- Yo me cago en todos sus ancestros, detective de feria.
- Inspector Blanco, queda usted relevado de la investigación por desacato a mi orden expresa. ¿Alguien más tiene algo que decir?
- Sí, por supuesto, el inspector Ortiz y yo, Piedecausa, también nos retiramos, no queremos trabajar con semejante pelele.
- Bien, sea como quieren, les aseguro que van a estar haciendo labores administrativas hasta que se jubilen. Esta ha sido vuestra última y deficiente investigación policial.
- Señor comisario, no hace falta que se ofusque por tan poca cosa. Acepto de buen grado que no deseen trabajar conmigo, éso me da exactamente igual, es decir, lo prefiero. No obstante, como lo que interesa es resolver cuanto antes este detestable caso, le solicito que el señor Piedecausa, actúe de colaborador mío.
- ¿Por qué yo?, ¿Acaso le gusto?
- Como hombre, en absoluto, tal vez vestido de mujer, quizás tuviera que pensarlo. Pero lo que más me gusta de usted es su apellido. Cada vez que tenga que llamarle, sentiré en mis propios oídos un grado de complacencia tal, que me ayudará a relajarme.
- Pedazo de mamón, le voy a partir la cara y le voy a propinar una atragantada que...
- ¡Piedecausa, cálmese! Que tan sólo ha comenzado conmigo. Además, piense que, tal vez, pueda resolver el caso en cuestión de horas.
Todos los allí congregados, incluido el comisario, comenzaron a reír de manera delirante, casi histérica. La ocurrencia chulesca de Pedro Pi, había servido de válvula de escape para tanta tensión acumulada.
- Sin embargo, Piedecausa, si en vez de horas, tardo días o quizás meses, ¿Qué será de su torpe mente?
Después de salir de la reunión, hablando los inspectores, una voz con sorna se hizo presente en la gran sala.
- Piedecausa, cuando su torpeza se lo permita, aterrice por la que ahora es mi mesa, es decir, la que antes era suya; y me informa acerca de unas cuestiones.
- Este tío me va a buscar la ruina, os aseguro que yo me voy para la trena pero me lo cargo antes, seguro.
En apenas media hora, el detective privado, se había empapado de todo el expediente. La capacidad de asimilación y de memorización había dejado asombrado a Piedecausa. Jamás, antes, había visto a nadie leer con tanta rapidez y capturar hasta los más mínimos detalles.
El detective Pedro Pi de Pedro, como primera intervención, se puso manos al ordenador. Tras conectarse a Internet, comenzó a efectuar búsquedas, la velocidad a la hora de consultar y pasar páginas webs, era vertiginosa. La boca de Piedecausa no dejaba de abrirse, estaba atónito viendo este aluvión de consultas.
- Pero, hombre, ¿Qué está haciendo?, ¿Acaso va a descubrir al asesino por la red?
- No, evidentemente, no. Pero no se imagina la cantidad de información que estoy recabando y que nos puede ser utilísima. Además podemos suministrar un buen señuelo para el psicópata.
- Lo que faltaba, el asesino es un adicto a Internet, claro, brillante deducción. Y ahora, el detective chulo, le pone una trampa y lo captura, magnífica película de las cuatro de la tarde.
- En efecto, Piedecausa, no me equivoqué al elegirle, usted utiliza su cerebro un uno por ciento más que sus compañeros, que por cierto no lo utilizan.
- ¡Pero, qué hace, pedazo de guarro, perdiendo el tiempo mirando páginas nada edificantes!
- Qué infantil es usted. Independientemente de que prefiero ver mil y una vez estos cuerpos vuluptuosos que su grasienta cara, no es momento de diversión, sino de productivo trabajo. Con el escáner, tras capturar esta misma foto, voy a perfilar la trampa para nuestro sangriento enemigo. Unos toques por aquí y otro por allá, amén de un texto seductor que dice así:
“Estoy deseando ser tu víctima número veintiuno. No sabes cómo gozaría muriendo entre tus manos. ¿Puedes resistirte a esta invitación, loquito mío?”.
¿Qué le parece? Ahora lo mando como mensaje prioritario a los cuatro vientos..., ¿A las cinco de la tarde en la Plaza de Mina?
- Valiente pijada, pérdida de tiempo y dispendio de dinero para el contribuyente, y ¿Quién hará de mujer a pleno sol en la Plaza de Mina?
- Piedecausa, ¿Por qué cree que le elegí a usted?, con esa carita de mujer camuflada que posee...
- Pedazo de maricón, ni lo sueñe.
- ¿Una llamadita a Bonifacio?, ¿Apetece?
Son las diecisiete horas. En un banco de la Plaza de Mina, a pesar de estar sentado a la sombra, el calor reinante es de tal intensidad, que las gotas de sudor van arrastrando el maquillaje de la faz del inspector Piedecausa. Con las piernas cruzadas y aguantando las coloreadas medias que lleva ceñidas, la sensación de calor y picazón en todos, absolutamente todos sus miembros, le llevan a maldecir entre dientes.
- Ese pedazo de sieso, me está haciendo pasar las penalidades más gordas: Vestido de mujer, con un calor de narices y encima me pica hasta el ombligo.
- Tranquilícese, Piedecausa, que ya queda poco. Le estoy observando y a través de nuestro intercomunicador estamos en contacto, le he escuchado sus increpaciones. Me gustan mucho, pero lo que más me gusta es su apariencia, verdaderamente está muy atractivo. No se mueva, atento que está al caer. Actúe con naturalidad.
- Eh, ya estoy aquí, me habías citado por Internet, y ¿En serio creías que te iba a fallar? Eres tal cual, mi preferida, morenita, ojos castaños, pelo negro y corto... Ahora, levántate que voy a comprobar tu estatura. ¡Uf, mides más de un metro y ochenta centímetros!, con eso no contaba.
- ¿Te doy miedo?, yo me adapto a cualquier tamaño, ¿Eh?
- Eres muy atrevida, y por lo tanto, merecerás mi recompensa.
En ese mismo instante, el presunto homicida, extrajo una daga de proporciones amplias y cuando se disponía a cortar el cuello de Piedecausa, recibió un impacto certero y fulminante en su glúteo derecho. El individuo cayó como un fardo al suelo. Instantes después, era apresado y tras las primeras pesquisas policiales, era identificado como el supuesto autor de los asesinatos. Una vez más, la sorpresiva brillante, rápida y eficaz diligencia del detective Pedro Pi de Pedro, había resuelto el caso del asesino conocido como “el Incendiario”. En cuestión de horas y a través de la tecnología informática, el sagaz detective, había tendido una trampa al enfermo asesino en serie. La foto y sobre todo el mensaje enviado a través de las autopistas de la información, había sido un reclamo fatal para el homicida. Todo había salido conforme a lo planeado por el detective. El dardo lanzado por el mismo a las traseras partes del brutal asesino, le había dejado dormido en el acto, puesto que había empleado un narcótico para felinos de gran tamaño.
Las felicitaciones, distinciones y premios, no se hicieron esperar. Sin embargo, en la rueda de prensa, el extravagante detective, comentó:
- Me encanta que mis planes salgan perfectos al cien por cien. La verdad es que están calculados para que su margen de error sea igual a cero. Eso es lo que más me hace disfrutar, lo demás, el dinero, los premios, los halagos..., eso también, pero en segundo plano. Para terminar, quiero darle las gracias al inspector Piedecausa, por su paciencia y sobre todo, porque estoy enamorado de su apariencia travestida.

martes, 18 de noviembre de 2008

Relatos Surrealistas: El manto de césped


Desde la oscuridad más absoluta, mi mirada, plena de admiración, se pierde en la cúpula celestial y plena de estrellas. Bien entrada la madrugada, todo es calma y plenitud. Mi postura, tendida en la fresca y mullida capa de césped, me aporta una comodidad considerable. Mas a pesar de este estado de relajación y lo avanzado del horario, en modo alguno he notado la aparición de síntomas de sueño. Sé que, en breve, debería de partir hacia el dormitorio, o eso era antes. Algo me impide abandonar mi posición de atento veedor. A esta inclinación por permanecer estático en mi privilegiado puesto de observador, no sólo ayuda la gran paz interior que siento, sino que, hay algo más, es como una invisible fuerza, que me convence para continuar, minuto a minuto, alimentándome del éxtasis contemplativo.
El alba ha hecho su aparición y continúo disfrutando de las primeras luces del nuevo día. Mi posición sigue siendo exactamente la misma. El rocío se desparrama por doquier y mi cuerpo se ve cubierto de la fresca sensación de sus múltiples gotas. Poco a poco el poderoso astro solar asciende y enciende, con su poder, el termómetro ambiental. Tras la desaparición del manto húmedo, la sensación de calor se hace patente. El recalentamiento de mi superficie se eleva por momentos. Continúo en el mismo lugar. Es cierto que no es gratificante mi actual estado, pero es imposible que pueda vencer este apego al caliente manto verde.
El sol luce, con toda crueldad, en pleno cenit. El calor ambiental es insoportable. Tras muchas horas de exposición a sus rayos, mi cuerpo arde inflamado. Tan solo deseo que su posición vaya cayendo y que, por lo menos, no me dé directamente. Sequedad absoluta, quemazón total, mi situación es extrema. La tarde llega y su fatigosa y pegajosa calor todo lo invade. No hay ni una sola parte de mi ser que no sienta dolor y ardor. Es un escozor irritante que me recorre por completo. A pesar de toda esta lastimosa situación, no he vuelto a intentar levantarme y tratar de marchar. Sé que es inútil.
Por fin escucho un ruido familiar. Son las pisadas de un ser en movimiento. Tras llegar a mi altura, el peludo cánido me olisquea y después de describir un par de círculos entorno mía, me lanza una desagradable y cálida micción, que además de acrecentar la sensación de dolor me asquea bastante, pues no me acostumbro a este tipo de residuos líquidos. ¡Uf, por fin, se aleja el pesado mamífero!, ¡Menos mal que no le ha dado por defecar! Con ayudas como ésta seguro que no podré salir de mi crítica situación.
De repente, una sombra circular se abate sobre mí. El peso de la misma abomba mi superficie y tras botar muchas veces, el balón de baloncesto me deforma mi cuerpo compacto y seco. Aún más, los pequeños pasos de varios niños se internan en mis dominios y no se conforman con pisar a fondo el manto verde. ¡No, faltaría más! Además arrastran una y otra vez mi fronda. Extraen los esquejes y mis raíces afloran y se desprenden. ¡Ah, qué dolor, qué pena me da mi imagen externa!
Por fin cae la tarde y el sofocante calor se atenúa. Observo a mi alrededor y tras analizar las calvas, levantamientos, sequedades, y por supuesto alguna que otra pieza orgánica depositada, espero con ansia el elemento vivificador. En efecto, con puntualidad exquisita, unos pivotes de color negro empiezan a esparcir el líquido refrescante pulverizado. La llegada de la nube de partículas de agua salvadora invade mi manto. Toda mi estructura se revitaliza y mis hojas reverdecen, mis raíces se resarcen de tanta abrasión.
Poco a poco la tarde-noche se avecina y un día más volveré a contemplar la cúpula celestial. El verano tiene estos contrastes, de noche una delicia, de día sufrimiento, pero en fin, son los típicos problemas de adaptación porque soy un césped muy joven. Tan solo llevo un año y medio plantado y todavía me cuesta acostumbrarme a estos inconvenientes. Con un poco de suerte, tengo por delante muchas estaciones para experimentar y aprender a ser un digno y coqueto manto de césped. Dada mi existencia inexperta, neófita en estas labores del Mundo Vegetal, todavía evoco ideas de cuando pertenecí al Mundo Animal.
Sí, sobre todo, cuando recuerdo que yo mismo fui el propietario de este chalet, de este campo, de estos riegos de aspersión, el mismo que sembró con cariño la simiente del césped que ahora me da cobijo y me presta una existencia diferente. Para retomar mi actual realidad, una vez más, debo atrapar aquella vivencia y detenerme en ella. Rememorar que por ingratitud humana, la que fue mi compañera se asoció a la más cruel perversión y acortó mis años de animal bípedo. A pesar de su criminal y desagradecido acto, ahora, ya no le guardo rencor, reconozco que no era, el mejor hombre, ni mucho menos. Por lo tanto, aunque no justifico su decisión de exterminar al que fue su esposo durante decenio y medio, sé que ahora, que sigue viviendo, en el que fue mi chalet, pero con su nuevo compañero. Que la veo pisar mi superficie y también, ¿Porqué no?, retozar con su amado entre mis finas hojas verdes. Que también la veo jugar con sus hijos. Inequívocamente, ahora es mucho más feliz, de lo que fue conmigo y la verdad le deseo todo lo mejor. Porque de una forma extraordinaria y, tal vez, extraña para vosotros, quiero y puedo sentir sus cuerpos, sus deseos y sus sentimientos y además desde mi actual configuración vegetal puedo llegar a ser más comprensivo de lo que en el Género Humano se suele dar.
Aquella tarde en la que ambos llevaron a cabo su sangriento plan de liberación para ellos y de eliminación para mí, el mejor lugar de ocultación de aquel molesto cuerpo sin vida no podría ser otro, que el recién sembrado jardín de césped. Hoy día os doy las gracias, porque de manera inesperada y fortuita, me habéis dado la oportunidad de conocer otro tipo de existencia. Es una vida distinta, dura como la de antes, con sus limitaciones como la anterior, pero eso sí, os lo aseguro, que no cambio por nada conocido del pasado. Y es que poder contemplar estas noches de verano con el cielo cuajado de estrellas es, ¡como lo podría exponer …!, No tengo palabras que lo puedan describir.

domingo, 16 de noviembre de 2008

Relatos de Terror: Las Bestias Mutantes


Diario de un guerrero afortunado, llamado Marlon

El despertar y posterior ataque de la criatura fue tan silencioso como acostumbraba. No sé si su estado de vigilia iba cobrando actividad muy lentamente o tal vez era una estrategia preconcebida. Tal vez, una vez más, se trataba de esa mala suerte característica de los perdedores, sí, un factor más achacable a la pura casualidad que facilitaba el instinto criminal y despiadado de nuestro enemigo. ¡Y que más da conocer las causas!, los efectos de este sigilo fueron nefastos para nuestra comunidad. Los cuatro centinelas de guardia perecieron en cuestión de segundos. No tuvieron tiempo ni de disparar sus armas. Por lo que al no dar la voz de alarma propició que el resto de los miembros del campamento, alrededor de unas cincuenta personas, todos guerreros curtidos y experimentados, perecieran por la incontrolable y descomunal ferocidad de la Bestia. Nuestra patrulla, compuesta por cinco expedicionarios, al regresar al campamento base, se encontró con el brutal y sangriento acontecimiento. Cuerpos mutilados amontonados, canales y charcas de sangre por doquier. Los restos de los que fueron familiares y amigos habían entregado su vida sin ninguna posibilidad de respuesta. La escasa vestimenta de la mayoría indicaba que habían sido atacados en sus respectivas tiendas, cuando aún dormían. Una vez pasados los primeros momentos de perplejidad, sobrepasadas las náuseas, el dolor, la rabia incontenida, procedimos a enterrar los cuerpos, miembros y vísceras de nuestros muertos. Fue una escabrosa y laboriosa operación que nos dejó una huella de por vida. Tras rezar una plegaria por el espíritu de nuestros caídos, partimos en dirección al principal fuerte avanzado, Voltar. Volvimos la vista desde la colina limítrofe, para dar un último adiós a la memoria de nuestros compañeros masacrados, entre brumas las cruces de las sepulturas alineadas conformaban un trágico paisaje de desolación.
Desde este puesto de vanguardia desaparecido hasta Voltar, el único fuerte avanzado, quedaban seis días de camino. Caminábamos en silencio a buen paso. Deseábamos llegar lo antes posible para avisar a nuestro pueblo de lo acontecido y decidir qué íbamos a hacer en el futuro inmediato.
La contienda contra el enemigo común se dilataba ya, más allá del año. Las pérdidas de más de un millar de camaradas, la ausencia de las labores del campo, nos habían llevado a una situación límite. Nuestro poblado, Casarta, hoy día abandonado, fue un centro floreciente de comercio ganadero, agrícola y artesanal. Nuestro núcleo urbano se diseminaba en un valle bien situado y regado por el río Nil. Sin embargo, un mal día comenzaron las desapariciones y nos vimos abocados a la guerra, a un enfrentamiento desigual y dramático por la supervivencia.
- Esto es imposible de aguantar. Estamos cayendo todos. Esa cosa es invencible e imprevisible. No sé, creo que deberíamos marcharnos, mientras podamos contarlo.
- Estás muy caliente Zork, no sabes lo que dices, ¿Quién somos nosotros para decidir lo que debemos hacer? Por otra parte si huimos ¿De qué habrá servido el sacrificio de nuestros hermanos?
- Para ti, Marlon, es fácil hablar, parece que eres de otra casta. Tu frialdad, tu ansia de combatir, no cejan. Pero no todo el mundo es como tú. La mayoría somos tan solo hombres, que estamos hartos de esperar el desenlace final, que no es otro que el de morir, destrozados, por un maldito y endemoniado ser que es indestructible. No es sólo miedo, es más, es impotencia, es sentir que todo lo que hacemos es inútil. Sí, yo defiendo la huida hacia otros lugares lejanos, donde rehacer nuestra vida.
- Zork, entiendo tus puntos de vista, son respetables. Cuando lleguemos lo expondrás ante el Consejo Popular y será debatido.
- ¡Eso es todo lo que vas a comentar! Claro, el hombre inconmovible ha hablado con propiedad y equilibrio, ni una palabra de desencanto, ni un rasgo de humanidad turbada, Marlon, estás llamado a ser el próximo Jerarca, tú, un simple aprendiz de herrero puedes llegar a serlo. Parece ser que el fuego de la forja ha fundido tu alma y tus sentimientos, tan solo vives para seguir buscando con afán el día de tu muerte. Si es eso lo que quieres, ¿Por qué no te decides en solitario a buscarla y acabas, ya, con tu obsesión?
- Zork, nos queda un largo camino por andar. Déjate ya de decir cosas de las que te puedes arrepentir. Marlon, es un buen patriota y como nosotros está abrumado por esta sangrienta guerra. Nadie la quiso, pero fue inevitable, o peleábamos o moriríamos sin haberlo intentado.
- Perfecto Balac, tú también estás con el valiente líder, ¿Y vosotros, que decís, sí, tú Kar, y tú Melgo?
- Estás nervioso Zork, puedes que tengas razón en replantearte la estrategia a desarrollar de ahora en adelante. Es más tanto Melgo como yo, lo habíamos comentado hace unos días, quizás partir hacia otras tierras nos pudiese dar una oportunidad de sobrevivir.
- Bien, somos cinco guerreros y observo que tengo el respaldo de tres de mis compañeros. Por lo tanto me parece justo que dentro del informe de la actual situación, recomendemos que una retirada a tiempo pudiera ser la única posibilidad de preservar nuestra existencia. ¿Estamos todos de acuerdo?
- Zork, vas muy deprisa en tus afirmaciones. Comprendo que estés muy conmocionado con la última masacre, pero debemos ser cautos. ¿Quién nos asegura que el éxodo a otros lugares nos vaya a proteger de manera efectiva? Quizás ganemos un tiempo, pero presiento que nuestro perverso enemigo nos encontrará y continuará su objetivo que no es otro que el de acabar con nuestro pueblo. Lo que hubiéramos ganado en cuanto al tiempo de cierta tranquilidad, lo perderíamos en el desgaste producido por el traslado de toda la comunidad, así como el desconocimiento de las nuevas tierras en las que viviríamos. Una huida, en plena confrontación, nos debilitaría aún más, sobre todo ante un enemigo, ante el que no conocemos nada de sus formas de vida, ni el número de su tribu, ni su procedencia, ni el porqué de su brutal violencia.
- Marlon, siempre vas buscando justificaciones, insisto, hemos quemado nuestras opciones de confrontación, se impone la evasión de sus temibles ataques. Ni tú, ni tus opiniones nos van a convencer, somos mayoría entre los presentes y solicito vuestra opinión, aquí y ahora: Kar, expresa tu parecer.
- Estoy contigo Zork.
- Melgo, ¿qué piensas al respecto?
- Me sumo a tu propuesta Zork.
- Bien, con mi voto son tres los que estamos de acuerdo.
- Un momento, yo aún no he votado, quiero que conste que aunque pienso que habría que esperar un poco y madurar la idea, estoy conforme con la idea de partir hacia otros lugares.
- Pero vaya, esto sí que es una sorpresa Balac, ¡También te unes a los que pensamos que una partida a tiempo, es la última oportunidad de subsistir! Pues bien, me alegra tu apuesta, así somos cuatro contra ti, Marlon, ¿Qué vas a hacer, aceptarás la opinión de la mayoría?
- Acepto vuestra decisión, no la comparto, por los argumentos que antes os expliqué y porque me parece precipitada, sin embargo, soy disciplinado y acato la opinión mayoritaria y la del rango de mayor jerarquía, que te corresponde Zork, en calidad de controlador de patrulla.
- Actúas con gran propiedad, te agradezco tu solidaridad, aunque sea por acatamiento. Informaré ante el Consejo y vosotros me apoyaréis en todo cuanto diga. ¿Alguna cosa más que apostillar?
- Sí, me gustaría proponeros una idea, nos queda seis días de camino, por lo que tengo tiempo de volverme, buscar la guarida de la bestia e intentar encontrar las debilidades de nuestro gran enemigo. Vosotros seguiréis con el camino de vuelta y presentar el informe de traslado de nuestro pueblo a otras zonas más seguras. Si soy capaz de volver con novedades efectivas, tendré tiempo de alcanzaros y presentarlas ante el Consejo. ¿Qué opináis?
- Me suponía que no podías conformarte, pues bien, tú lo has dicho, soy el controlador de este grupo y me parece acertada tu propuesta, ve pronto y reúnete con tu destino, que no es otro que la muerte. Al fin y al cabo eso es lo que estabas buscando desde que esta cruenta guerra empezó. Tema zanjado, parte ahora mismo con la ración de comida y bebida que te corresponde.
Ninguna otra objeción se vertió dentro del grupo. Tras unos minutos de avituallamiento, Marlon se despidió de sus compañeros y se puso en camino. Por delante una misión de altísimo riesgo, imprevisible, de destino incierto. Sin embargo la predisposición del solitario personaje era decidida y animosa, tal vez rozaba la temeridad. A lo largo de su corta pero experimentada etapa bélica, había desarrollado una capacidad de sufrimiento y de adaptación a las situaciones límites. Tras varias incursiones en el frente de batalla, sus encuentros con el enemigo, habían sido fugaces, en cuanto al tiempo de confrontación, pero de mucha suerte en cuanto a sólo resultar herido levemente. La información que poseía del encarnizado agresor, era muy escasa. La presentación súbita del contendiente era una constante. Además su predilección por hacerlo sin luz solar y con una rapidez descabellada, hacía que no se supiera ni su aspecto, ni el número de los elementos que componían su ejército. Sus gruñidos ensordecedores, sus gemidos, servían de tarjeta de identificación sonora y de intimidación para todos los que alguna vez se habían topado con estos criminales. No saqueaban los poblados, ni capturaban prisioneros a sus contendientes, su labor exclusiva era la de inferir el mayor número de bajas por la vía rápida. Para ello con su relampagueante acción y con su fuerza descomunal, preferían decapitar al mayor número de víctimas por lo contundente de sus efectos. No obstante, entres los miles de muertos contados, un porcentaje considerable presentaba también la separación en dos mitades de su cuerpo, a la altura de la cintura de los infortunados, lo que prueba con toda seguridad que su anatomía y su fuerza era descomunal. Estos eran los únicos aspectos conocidos de nuestro mortal enemigo, al que denominábamos la Bestia, por razones obvias.
Llevaba varias horas de continuo avanzar, el ascenso por este terreno escarpado y rocoso me había provocado una fuerte sensación de sed. Me apresté a utilizar la bota de agua, cuando observé como un poco más arriba, casi en el último tercio de esta considerable elevación del terreno, se abría y precipitaba al vacío un manantial de apeticible agua fresca de la montaña. Tras acceder dificultosamente a su brote, que se ofrecía con un abundante caño, me precipité sobre el mismo de manera brusca, tan violento fue el gesto que tropecé con una, de tantas, piedras redondeadas que abundaban por todos lados. Me desequilibré y mi mano izquierda se interpuso en el profuso chorro de agua. La sensación agradable de frescura, aumentó mi inaplazable intención de satisfacer la ansiosa sed. A punto de efectuarlo convenientemente, un hecho puntual y sorpresivo me hizo retener mi avidez. Mi bronceada piel, en primer lugar se había mojado y refrescado, sin embargo ahora se estaba recalentando rápidamente y además enrojeciendo. ¿Qué le estaba pasando? Inmediatamente, las dudas me quedaron despejadas, la mutación de la piel afectada seguía su proceso, el color rojizo dio paso a una cauterización marrón a modo de costra. Yo, seguía atentamente su proceso, era un traspié a modo de suerte, una vez más la fortuna me daba su favor. En otras tres ocasiones tras enfrentamientos con el enemigo me había beneficiado en su desenlace. Era por lo tanto un privilegiado. Tras unos minutos de espera, el proceso desencadenado se había terminado. Dado el calor imperante, mi mano no tenía rastros del agua que había originado estos cambios. Asimismo, la costra marrón, una vez cesada la actividad desencadenada, se fue desprendiendo de la piel originaria. Al divisar de nuevo la piel nativa, pudo comprobar como el aspecto se había diferenciado. Su color más bien verdoso, de tono oscuro, su estructura en formas de escamas superpuestas, su dureza muy consistente. Tras unos minutos de estupefacción, comencé a pensar que aquella fortuita experiencia me daba una novedosa información con respecto a la contienda. Me dispuse a continuar el ascenso definitivo a la cima, cuando pude comprobar que mi actual puño izquierdo, tenía un peso de mayor dimensión que el de mi mano derecha, además la musculatura de la zona se había transformado en más sólida y rígida. Me encontraba por lo tanto incómodo y desorientado, pero sacando fuerzas de flaqueza continué el ascenso, tras beber, ahora sí inexcusablemente de mi bota. Me puse a pensar, por segundos, lo que me hubiera acontecido, si hubiera ingerido abundantemente de aquella agua, un escalofrío me invadió y unas náuseas se apoderaron de mí.
Allí estaba en lo más alto de aquella montaña, obsesivamente miraba la superficie de mi mano, que permanecía con su última apariencia. La vista que ofrecía el dominio en altura era muy sublimante. Aquellas vistas invitaban a la contemplación sosegada. Sin embargo, en esta ocasión eran otros los imperativos, no obstante, mi aguda vista no perdió detalle y detectó como en la vertiente opuesta al descenso de mi actual otero, se ofrecía a mi vista una gran grieta de cierta anchura, que hacía adivinar una oquedad de ciertas dimensiones. En las labores de exploración era la primera vez que me aventuraba por este itinerario, por lo que acaba de descubrir este emplazamiento. En principio dada su localización, era un albergue bien protegido de manera natural, porque se encontraba rodeado por elevaciones del terreno y su acceso desde un estrecho pasaje, le conferían la más disimulada apariencia. Un instinto de conservación o un rasgo de mi personalidad, que me hacía ser paciente, me hizo sentarse a observar lo que pasaba en aquel accidente del terreno. Me había colocado en un refugio natural del terreno, en pleno descenso de la montaña que ahora ocupaba, entre el follaje del arbolado y matorral alto que salpicaba el entorno. Tras minutos de observación, entre sorbos del agua recalentada de mi bota y continuas miradas a la contextura de mi pesada mano izquierda. De repente, sucedió lo que estaba esperando, desde allí, desde la gran grieta, a plena luz del día salieron dos individuos. Su aspecto externo de color marrón verdoso, de formas humanoides, con diferenciación de cabeza, tronco y extremidades. A pesar de la distancia, mis dotes visuales naturales me otorgaban cierta precisión en esta descripción. Los dos individuos de una estatura considerable, más allá de los dos metros, andaban erguidos pero con tendencia a la inclinación delantera. Ambos se acercaron a un gran tronco seco, que en posición horizontal dificultaba y disimulaba la entrada a la grieta, parecía que iban en viaje de reconocimiento, por lo que me apresuré a intentar seguir sus pasos. Su desplazamiento a pesar de su robustez y altura, era demasiado rápida para mí. No podía dar crédito a lo que estaba viendo, a pesar de su peso, más allá de los 140 kilos, de poseer una musculatura robusta, su agilidad y poder de desplazamiento era impresionante. Transcurrido un buen rato de persecución, a duras penas, sudoroso y cansado, por tanto ascenso y descenso, por tanto salto, decidí entre matorrales y bajo la sombra de una conífera, de amplia copa, descansar. Los seres, totalmente ajenos a mi dificultoso seguimiento, por fin se encaminaban a su definitivo destino. Estábamos en pleno remanso del río, sí, el mismo que se abastecía del manantial que me había producido el cambio en mi mano. En las aguas limpias e inadvertidamente peligrosas, los dos individuos se precipitaron en sus aguas y comenzaron, con cierto jolgorio, a proferir gruñidos de aceptación.
Tras descansar convenientemente, pude comprobar como estas entidades, de una especie desconocida y totalmente ajena a la nuestra, continuaban bañándose, buceando, y consumían estas aguas con cierta asiduidad. Finalmente, salieron al exterior y llevaban entre los dos una especie superficie oscura. No podía precisar qué es lo que era con exactitud. Tenía una forma rectangular y se abombaba por ambas caras. Sí, diría que era como un recipiente hecho de piel curtida de venado, que le servía para transportar líquidos y otros alimentos. A pesar de que las dimensiones, de lo que llamaremos gran pelliza, y su peso eran considerable, los seres la portaban sin esfuerzo alguno. De manera tan rápida como la ida, se reintegraron a su grieta y se internaron en la misma. A continuación a cierta distancia me introduje en la alta grieta. Sabía que me estaba jugando la vida, pero la gran ocasión que se me presentaba me hacía presumir, que por fin iba a tomar ventaja con respecto a mis enemigos. Porque intuía, casi con toda seguridad, que aquellos individuos eran integrantes activos de lo que habíamos venido a denominar, con recelo y temor, la Bestia. Aunque por todos los indicios que estaba conociendo, esta denominación debería considerarse en términos de pluralidad, por lo que se refiere al número de los componentes.
Con mucho sigilo y parsimonia fui adentrándome en el espacio interior. La luz era mínima. Tras un pasadizo de cierta consideración la habitación de la cueva se hacía más espaciosa. Preferí ascender a un saliente natural que esta primera habitación tenía, desde allí y parapetado por las formas caprichosas que la morfología calcárea me brindaban. En el centro de la estancia los dos individuos que habían entrado se toparon con cuatro más que alrededor de una gran hoguera se hallaban sentados. Entre todos, levantaron la gran pelliza y por un extremo de la misma, fueron escanciando su contenido por las bocas sedientas de cada uno de los allí reunidos. La luz de la hoguera otorgaba a la escena un contenido ciertamente tétrico, aquella jauría de seres animales, vociferaban y gruñían de manera desaforada.
Ahora no cabía la más mínima duda, sus alaridos, aullidos, eran los que tan tristemente habíamos soportado a la hora de ser atacados, jamás podría olvidar sus malditos sonidos de violencia desmesurada. La ingestión de aquella bebida rojiza, les volvía locos, por la ansiedad de consumir su esencia y porque después de haberla tomado, sus efectos, que eran fulminantes, les conducían a una situación de embriaguez y euforia muy avanzada. Así, una vez que los seis componentes de este grupo salvaje terminaron por ingerir en grandes cantidades de este condicionante bebedizo, todos se revolvían por el suelo polvoriento de la cueva. Era impresionante ver los gestos de sus caras, que expresaban una descontrolada prepotencia. Sus cuerpos chorreaban de ese líquido elemento. Tras unos minutos de éxtasis violento y convulsivo, comprobé como la piel de sus desagradables cuerpos se había tornado de un color verde más intenso. Sin duda la aportación a sus metabolismos de esta sustancia era la causante de este aspecto tan llamativo. A continuación todos los participantes en esta celebración ruidosa y alienante, descansaban amontonados, sumidos en un letargo profundo. Sus enorme corpachones verdosos resoplaban y roncaban de manera estrepitosa. Tras varios minutos de espera, me acerqué a su posición. Una vez a su lado, el ruido proferido por sus gargantas se hacía estremecedor, así mismo un olor fortísimo y desagradable les inundaba. Al pasar cerca de su amontonamiento, pude comprobar como la gran pelliza, tenía todavía más de tres cuartas partes de contenido, por el abultamiento que conservaba. Mi estatura, alrededor de 185 centímetros, mi fuerte complexión física, comparada con la de aquellos seres bestiales se quedaba en ridículo. Un movimiento de consciencia de su parte y con tan solo un golpe de su parte moriría al instante. Sin embargo, su situación actual era totalmente de indefensión. Con gran rapidez me dirigía a la boca de la gran pelliza, tras mucha insistencia y esfuerzos logré destapar aquel grueso tapón irregular de madera, a continuación, acerqué mi nariz a su interior y..., ¡ Exclamé un corto sonido de miedo, asco y rabia, ¡ allí desde su interior se desprendía el olor característico a las esencias que tantos familiares, hermanos y amigos míos, se trataba de su vital sangre que ahora servía de alimento a estos consumidores de la sangre ajena! Tuve que hacer grandes esfuerzos para no expeler el bolo de bilis y alimento digerido que me había provocado aquel descubrimiento. Me sobrepuse y controlé esta manifestación lógica por tan desagradable experiencia. Al tener asida la boca de la gran pelliza, unas gotas de la sangre de mis congéneres se vino a depositar en la citada mano, sí, la misma mano izquierda que había mutado, al poco tiempo pude observar como al contacto con la dermis evolucionada, se tradujo en el reverdecimiento de las zonas afectadas. Una sensación de desasosiego me embargaba. Reaccioné de inmediato con cierta sobriedad, no exenta de sudoración abundante. Extraje un paquete del bolsillo y añadí todo el contenido en el interior de la gran pelliza. Desistí en intentar remover el interior, porque aquella mole de cuero y el contenido interior, debería pesar más allá de los 200 kilos.
Rápidamente me alejé de aquella sala y penetré a toda prisa por otro pasadizo a la siguiente sala. Amparado en la suerte, el sigilo, la oportunidad y libertad de acción en la persona que no es esperada ni tenida en cuenta, me dispuse a vigilar lo que allí acontecía. En efecto, esta habitación más pequeña que la anterior estaba habitada por seis individuos, de semejante aspecto pero de menor estatura y corpulencia que los anteriores. Estaban reunidas alrededor de otro fuego, entre sus brazos cobijaban y cuidaban a no menos de tres pequeñas criaturas. Estaba claro la comunidad de nuestros enemigos estaba constituida por seis parejas que estaban incrementando su prole. Al fondo de la estancia, la pared se encontraba decorada por pinturas alegóricas, que desde la distancia no me era posible precisar. Además a media altura una figura escasamente trabajada de grandes proporciones, representaba a una figura con amplios ojos y coronada. Su expresión serena combinaba con las fauces abiertas y como a través de sus labios se quería representar que algo chorreaba. Era de color pardo oscuro y tan solo la representación del líquido que caía, tenía un color rojizo intenso. Este tótem, sin duda, simbolizaba su principio de sustento el consumo de sangre como único método de subsistencia. Un elemento no solo alimenticio, sino también que daba plenitud y euforia incontenida. Una única mama pectoral al centro de su pecho, servía de conducto en la provisión de la alimentación mantenedora para cada uno de los tres vástagos. Esta había sido la única escena que me iba a dejar un recuerdo de cierta positividad. Porque presentaba la siempre tierna escena en la atención de los recién nacidos. Las otras tres, no tenía todavía descendencia pero su gestación estaba ya muy avanzada. Un susurro menos agresivo y desagradable, indicaba que entre ellas había una fluida comunicación. Al mismo tiempo todas consumían con cierto apetito, un alimento sólido de color rojizo, que preferí no entrar a considerar la procedencia. Uno de los pequeños, se desprendió del pezón y profirió un grito agudo que reverberó en toda la sala con una intensidad amplificada. Tras girar su cabeza, dejó vislumbrar su nada favorecida apariencia, mientras que un hilo de líquido rojizo se desprendía por la comisura de sus amplios y poderosos labios.
No lo dudé más, había visto bastante y no me podía demorar más. En cualquier instante los demoledores enemigos podrían reanimarse. Como así aconteció. Tuve que pegarme a la rugosa y húmeda pared y tras buscar las sombras me adose a la misma. Los energúmenos pasaron como una exhalación a mi lado, era tanta su seguridad y la confianza de que nadie osaría a violar su privacidad que no repararon una vez más en mí. Por lo que deducí, que el sentido del olfato no lo tenían muy desarrollado. No así, en cambio el de la vista, porque uno de los que iba acompañando al cortejo que portaba la gran pelliza, de un salto imprevisto se lanzó en post de una rata que se hallaba escondida en la oscuridad. Certeramente eliminada por el aplastamiento de su inmenso pie, expresaba de manera insultante su logro, a manera de lo que podíamos considerar una risa, que más parecía una esperpento cruel que otra cosa. Todavía permanecí algunos instantes más, lo suficiente como para que aquellas pacientes y dedicadas madres, sucumbieran, inevitablemente, a los efectos de la ansiedad, avidez y euforia desmesurada que antes había observado en cada uno de sus consortes. Mientras tanto sus descendientes dormían en suelo, una vez más se repetían los gestos entre todos los integrantes de este clan familiar criminal, ellas y ellos repetían sus roles, acabando sus delirios en auténticas bacanales consistentes en gritos, convulsiones y apareamientos vertiginosos de salvaje consideración.
Me hubiera gustado marchar y no ver aquella patética y degradante escena, sin embargo, comprendí que mi obligación era presenciar y confirmar el deseable y fatal desenlace de su desaparición, porque los efectos del veneno que yo había suministrado iba a ser definitivo y de efecto rápido. Tal vez, quedaría por rematar la total liberación con la siempre desagradable misión de acabar con los vástagos. Sin embargo, una vez más, la suerte se cruzó en mi camino, uno de los alucinados elementos de la prole se dirigió a los pequeños y prácticamente los roció de la ponzoña. El ansia de comida les hizo relamerse a los tres de manera efectiva. En pocos minutos todos, absolutamente todos permanecían en silencio absoluto. La acción devastadora de la pócima letal había dado resultado. En una sola jornada había acabado, con este clan que había asolado y devastado nuestra pequeña comunidad.
La suerte había estado conmigo, una fortuna que en estos momentos me había dicho adiós. Pude comprobar como la afección de mi mano se iba instalando en mi cuerpo, poco a poco, ahora mismo ya se había apoderado de todo mi antebrazo izquierdo. Su aspecto escamoso y verde oscuro se extendía paulatinamente, tenía que ganar tiempo y actuar de manera rápida. Así fue, extraje mi hacha de guerra y de un golpe certero me amputé hasta más allá del antebrazo. Arrastrándome a duras penas y desangrándome metí el muñón en la hoguera y tras varios gritos de dolor, cautericé la herida de manera efectiva.
Han pasado más de diez años, desde que se produjeron estos hechos. He querido escribir todo lo que sucedió para que quede constancia y estéis preparados ante cualquier regreso de estos grandes depredadores.
Me constituí en veedor y vigilante de estos lares, emponzoñé el agua del manantial para que nadie la bebiera, quemé los cuerpos de los enemigos.
En cuanto al porqué de su llegada, os lo puedo asegurar, que antes de contaminar el río, pude contemplar como una roca de aspecto desconocido para mí, estaba ubicada, justo en el nacimiento del manantial, la cual irradiaba unas ráfagas luminosas verdes. Sin lugar a dudas este parecía el centro motivador de estos cambios genéticos. Sí este agente, posiblemente extraterrestre, es el que ha hecho modificar a estos congéneres que bajo la influencia de sus aguas contaminadas, se convirtieron en bestias criminales, depredadores ávidos de consumir la sangre de sus propios hermanos de especie. Gracias a mi actuación rápida pude parar la extensión del mal en mí, no me ha importado sacrificarme y convertirme en un anacoreta, al fin y al cabo, después de vivir esta experiencia, aquella persona, la que tenía la frialdad y rapidez de respuesta, se dejó invadir por la nostalgia y la obsesiva idea de que alguna vez podría repetirse esta nefasta y aberrante contaminación mutante.
Mientras tenga vida, seguiré vigilando, cuando muera, espero que mis escritos sirvan de valiosa y práctica información al resto de mis hermanos.




Ciencia Ficción: La razón más pura y dura

Cuando albergué la posibilidad de desplazarme hacia el ansiado primer destino, no dudé ni un instante. Conocía los inconvenientes a que me exponía, entre peligros y lo pesado del recorrido. Sin embargo, inflamado por un impulso arrebatador, sin perder tiempo, me puse en camino. Cubierto de polvo, destrozado físicamente, con quemaduras en los resquicios de mi piel que apenas podía cubrir con mis telas, casi exhausto, por fin llegué a mi meta. La obsesión de poder culminar mi objetivo había vencido, ya que varios días de incesante caminata y sin reservas de agua, habían hecho mella en mi resistencia. Me introduje en la gruta y el fresco ambiente me espabiló un tanto, no veía ninguna tea encendida, por lo que opté por pronunciar un grito desesperado de reconocimiento. La reverberación fue tan potente y nítida que, por inesperada, me sobrecogió. Todo permanecía en silencio y no había señales de vida. Parecía que mi viaje había resultado estéril. Me tumbé en el fresco suelo arenoso y perdí el conocimiento.
Me encuentro en una celda metálica y ciertamente muy mareado, lo último que recuerdo fue mi entrada en la gruta y mi desánimo al ver que allí, no había nadie de la resistencia. Suponía que todos habían perecido. De repente una voz metálica me espeta: Terrícola, viaja a bordo de la nave espacial de la raza Irúa, con destino a las minas del planeta 222xyz, de la galaxia de Andrómeda, a partir de ahora su clave asignada será la de AA2235, recuérdela. Muy pronto conocerá la razón más pura de su futura existencia, exactamente la misma que la de sus compañeros. Terrícola bienvenido a su último y verdadero papel de existencia, ser un esclavo más al servicio del Imperio de Zor. La noticia me ofuscó y me indignó, mi mente inteligente se rebelaba contra esta prepotencia, sin embargo, dos cosas me conformaron y me dieron nuevos bríos, primero que estaría con mis compañeros y segundo, que ahora mismo, no era momento para pensar, quizás en un futuro próximo tendría más opciones de dar otras respuestas. Una vez llegado a mi destino, el sulfuroso y gaseoso planeta de explotación minera, 222xyz, una vez reunidos con todos mis compañeros, convenimos apoyarnos y solventar la realidad presente. Tras unos meses trabajando a destajo en la explotación, nuestros pulmones estaban cada vez más contaminados, el desprendimiento del polvillo ambiente y el gas desprendido de las combustiones espontáneas, nos iba sumiendo en una precariedad de salud, cada vez más agónica. De los 100 terrícolas allí concentrados, acordamos que la única y definitiva opción era la de escapar.
La acción de escape, no tuvo éxito. Un renegado terrícola y compañero nuestro nos delató. Su testimonio, a la hora abortar nuestra huida, fue la reiteración de unas palabras que ya había escuchado hace unos meses:
No vale la pena escapar, la esclavitud es nuestra razón más pura, aceptémosla. Desde aquel día el abatimiento y la derrota se hicieron presa en todos. Al poco tiempo todos aceptamos con servilismo nuestro futuro impuesto. En solo un año, toda nuestra partida de terrícolas murió, excepto el maldito chivato que fue promocionado a un cargo de vigilante, de carácter benévolo, como premio a su sanguinaria traición de muerte centenaria.
La siguiente partida de esclavos mineros, de origen terráqueo, se está reclutando. Estad cautos y prestos, pues el filón de la mina es inmenso y la mano de obra es barata, ya sabéis, al final lo que se impone no es más que la razón más pura y dura:
El tirano oprime, esclaviza y también manipula la debilidad del oprimido hasta incluso elevarlo al rango de opresor.

sábado, 15 de noviembre de 2008

Humor: Hermetismo pernicioso



Sobre la misma mesa de negociación se entregó la propuesta. Se trataba de un breve documento de cinco páginas, que detallaba el contenido de la misma. Los cinco miembros del Consejo Supremo de Decisiones Imprescindibles (CSDI) no habían recibido con antelación este nuevo asunto a tratar. En realidad, cuando la ocasión lo requería, por extrema urgencia o alto secreto de lo que se debía analizar, esta vía era la normalizada. Por lo tanto, los eruditos consejeros, se aprestaban a estudiar con carácter exhaustivo el citado dossier. Tras más de 30 minutos de manejo, análisis, y reflexión personal, los consejeros se dispusieron a deliberar.
El complejo de instalaciones de alta seguridad nacional se haya enclavado en una localización subterránea de 60 niveles de profundidad y unos 250 metros de profundidad. Toda una obra de ingeniería de paredes de hormigón reforzado, con un espesor en sus muros de 200 centímetros, preparada contra ataques nucleares y bacteriológicos, así como totalmente estable para evitar movimientos sísmicos. En su interior más 2500 personas prestan servicios en sus respectivos cometidos de espionaje vía satélite, fuerzas de infiltrados, estrategia militar defensa y ataque, y política de intervención o planificación, además de los miembros de la seguridad del centro, una dotación de 250 personas de alta cualificación. Toda esta herramienta o maquinaria de guerra, estaba al servicio del CSDI.
Los miembros del órgano de decisión, eran:
- Evaristo Gruñol: abogado del estado, número uno de su promoción, catedrático de Derecho Internacional, con un amplio curriculum en la carrera diplomática, hacía cinco años que presidía este órgano. A sus 65 años, sus conocimientos y experiencia le constituía en un valor contrastado y confirmado en la seguridad nacional.
- Lucendo Bertente: Investigador eminente, en el área de la Genética, ganador de premios internacionales y de gran prestigio en la publicación de sus obras. A sus 61 años, dejó la investigación y lleva dos años ejerciendo su cargo. En el año 1998 le fue otorgado el premio Nobel, por su descubrimiento de “La simbiosis proteínica de los principios generadores como auto selección ponderada”, al día siguiente renunció a este galardón, porque nunca había sido defensor de estos honores. Hombre íntegro e independiente, crítico y defensor de la Naturaleza como vía reguladora de sus conflictos.
- Atanasio Siz: General laureado y condecorado por los servicios prestados en las campañas de pacificación desarrolladas bajo su responsabilidad. A sus 62 años, se encuentra ya jubilado de sus labores profesionales militares y presta su asesoría en estrategia militar internacional. Hombre de confianza del Gobierno de la Nación, es el intermediario del ejecutivo en el consejo.
- Bienvenida Valgata: Científica defensora de la Ecología, ha ocupado cargos de responsabilidad en las escasas Reservas de la Biosfera que restan en nuestro planeta. Reconocimiento internacional en sus publicaciones y en sus actuaciones, sin embargo la ONG, que la respaldaba desde hacía años, le ha retirado su apoyo porque aceptó el cargo en este polémico y controvertido órgano de poder. A sus cuarenta años, no dudó en aceptar ser miembro activo de este consejo porque estima que podría tener mucho que decir en él.
- Prudencio Meztaga: Político, ex parlamentario de carácter independiente, fue elegido por unanimidad por el arco parlamentario. Su capacitación y diplomacia en llegar a acuerdos, le han hecho ser aceptado por todos los partidos políticos. Licenciado en Geografía e Historia, presta docencia en un centro de Educación Secundaria. Su principal tarjeta de presentación: lleva ocho años en la carrera política y se ha presentado, en calidad de independiente, por varios partidos.
Los cinco miembros del CSDI, se concentran a la llamada de su presidente y atienden a sus recomendaciones:
- Evaristo: Señora y señores, espero que la lectura a fondo de este documento les haya puesto en antecedentes. Por consiguiente, dado el alto interés del mismo, desde estos momentos, activo el botón verde de alerta decisiva. Desde la incorporación de nuestro mandato, es la primera vez que esto ocurre, por lo que les recuerdo la norma de obligado cumplimiento, a partir de ahora mismo, nadie podrá salir de este silo. La celeridad de la deliberación, el necesario sigilo y secreto de los comentarios y de la decisión final, hace que este proceso se lleve con rigor. Todos, al aceptar este cargo, sabíamos que esto podría pasar, así que espero de todos la máxima entrega y responsabilidad. Ahora, comencemos a valorar el asunto.
- Bienvenida: Sr. Evaristo, en lo que a mí respecta, he tomado una primera consideración, que paso a relatarle.
- Evaristo: Adelante Sra. Bienvenida.
- Bienvenida: Los términos del informe son contundentes y muy fiables, no en vano, uno de los especialistas firmantes es muy amigo mío. Caballeros, creo que el tiempo del cambio lento se ha terminado. En efecto, parece que la Naturaleza, se ha despertado y comienza a trazar pequeñas, pero determinantes actividades, que harán que la superficie terrestre se transforme. Desgraciadamente, estos cambios no pueden ser pronosticados con exactitud de tiempo e intensidad, pero en lo que se refiere al movimiento de las placas tectónicas de la superficie terrestre, se presupone que está condicionada al caos. Sugiero, con carácter urgente, una pronta disposición de salvamento de nuestro patrimonio biológico y patrimonial para una colonización inmediata de otros ámbitos planetarios. Además como miembro de este consejo superior, estimo que no se debe perder ni un instante, por lo que deberá de establecerse una acción unilateral, sin contar con la unión internacional. En mi opinión, cada país estará ya haciendo sus deberes en este sentido.
- Atanasio: Doctora, su exposición ha sido brillante. Sin embargo, ¿no cree que es demasiado arriesgado y prematuro tomar esa decisión?. ¿Da por perdida nuestra civilización?
- Bienvenida: Sr. General, tal vez, usted crea que este informe no es solvente, quizás valore que hay una esperanza de que aquí sobreviva algo importante, pero se lo aseguro, las fuerzas modificadoras de la naturaleza no atienden a conceptos de inactividad. Una vez que se desencadene, la espiral se desplegará y el efecto dominó se hará patente. No tiene nada que ver, con la insignificancia destructiva de bombas nucleares, o de otro tipo de devastación de origen humana, aquí se trata de una dinámica geológica de mutación radical.
- Lucendo: Lamento y de qué manera, darle la razón a la doctora. No sabe cuanto lo siento Sr. General, ¡ojalá nos equivocásemos! Pues, sería un nuevo día para el futuro humano. Sin embargo, me juego mis conocimientos y prestigio por confirmar este dossier.
- Evaristo: Sr. Prudencio, ¿algo que comentar al respecto?
- Prudencio: Sí, por supuesto, verán estoy un tanto atónito. No puedo dar carta de oficialidad y de seguridad a estas posturas. Verán, mi sentido común acepta las dos posibilidades. No puedo concebir que los indicios detectados y los primeros efectos cuantificados, se puedan extrapolar a un conflicto apocalíptico de dimensión mundial. Por otro lado, debemos ser cautos y poner en marcha, la operación Colonia, porque es un dispositivo que, aún siendo embrionario y costoso, hay que ponerlo en marcha como método de prevención.
- Evaristo: Entonces, ¿apuesta usted por poner en marcha este dispositivo de emergencia, con lo que conlleva el hecho de que está pilotado en fase de pruebas y de los riesgos que se contrae al ponerlo en marcha? Además no descarta que este método de urgencia, quizás, pueda convertirse en un acto desmedido, porque no le convence plenamente el informe y su ultimátum.
- Prudencio: Así es, ésa es en líneas generales mi definición. Nadie, puede aseverar al cien por cien, que la humanidad, y el suelo que pisa, desaparecerá, Que la atmósfera se volverá irrespirable y que todo ser viviente se fundirá. Sin embargo, tampoco yo puedo imponer y demostrar que esto no pudiera ocurrir, por lo tanto, si tenemos en nuestra mano este procedimiento, tendremos que asumir los riesgos, y por supuesto llevar a cabo la expedición con carácter secreto.
- Atanasio: Brillante exposición, con mesura y haciendo gala de su poder de consenso, creo que es la mejor de todas las posturas a la hora de actuar.
- Bienvenida: No es nada personal Sr. Prudencio, pero sepa que me ha defraudado completamente. Jamás me hubiera imaginado que sus razonamientos se basaran en contentar a todas las partes. Así que, aquí según usted, debemos aplicar el secreto absoluto, y que nadie conozca que unos hermanos suyos, los más selectos, van a intentar sobrevivir fuera del caos que se avecina y que esta esperanza, la única que les queda, la de que su especie sobreviva, ¿no debe ser puesta en conocimiento general? La verdad, no entiendo, usted, un parlamentario reconocido, elegido por sufragio directo. ¿Así piensa y paga a sus electores, secuestrando y mintiendo a la opinión pública?
- Evaristo: Le llamo al orden Sra. Bienvenida, no me parece correcto su proceder. Cada cual tiene sus ópticas y es obligado respetarlas. Somos los máximos responsables y no podemos dejarnos llevar por nuestras visceralidades. Porque si nos dejamos llevar por nuestros impulsos, ¿qué podremos esperar de la masa social mundial?
- Prudencio: Gracias Sr. Presidente, le agradezco su intervención, pero no me afecta, en absoluto, la invectiva de la consejera Bienvenida. Su respuesta, no hace sino consolidar, aún más, mi apuesta. Soy un demócrata reconocido, y un amante de la defensa de la Justicia y los Derechos Fundamentales, ahora bien, no soy un suicida, ni un provocador del pánico gratuito. ¿Sabe usted lo que ocurriría si adelantáramos a la opinión pública, que todos van a perecer en no más de un año y que algunos, tan solo, los elegidos, se salvarán? Le diré, que el pánico se desbordaría y la insumisión ciudadana se harían patentes y mayoritarias. Una revuelta de proporciones desorbitadas que haría regar un baño de sangre por doquier, un enfrentamiento fratricida incontrolable. Una agonía que haría mucho más doloroso y patético el espectáculo de una hipotética desaparición de la Humanidad. ¿Y si después no sobreviene el efecto destructivo?, ¿De quién sería la responsabilidad?
- Bienvenida: Esa es pura demagogia populista y electoralista. No estoy conforme, nadie puede jugar con la vida ajena y ocultar su destino.
- Lucendo: Respaldo la opción de la doctora, estamos aquí para dar nuestros puntos de vista, en calidad de asesores, ésa es nuestra responsabilidad. Nuestra labor se queda ahí, ahora bien, pensar y decidir por millones de personas, eso es manipular las conciencias de los individuos. Cada ser debe conocer y actuar según su pensar.
- Atanasio: Todo esto es muy interesante, en calidad de intermediario del Gobierno de la Nación, debo conocer la decisión del consejo y trasladarla al consejo de crisis del ejecutivo. En caso, de concordancia con lo acordado aquí, se ejecutará de inmediato, si no hay correlación, de nuevo se instará a nuestra deliberación con los apuntes del ejecutivo. De todas formas, saben, que el definitivo dictamen es nuestro, ya que somos, en caso de grave crisis, los máximos responsables. Por lo tanto consejeros Lucendo y Bienvenida, no me vengan ahora con escrúpulos de conciencia, sabían con toda certeza, de que esta responsabilidad era inmanente a su cargo, ahora, no pueden eludir su responsabilidad, ya que su cargo es irrenunciable en caso de crisis.
- Bienvenida: Esa tesis es interpretativa, no es un asunto menor, se trata de la desaparición de la Vida Humana en el planeta, que no es poca cosa. Yo sigo con mi apuesta, transparencia, luz y taquígrafos, yo respaldaré personalmente esta apuesta y la corroboraré oficialmente ante los medios de comunicación. Lo que tenga que venir, sobrevendrá, pero no será porque a mi entender, yo, haya pervertido la libertad y el derecho de información de mis representados.
- Evaristo: Urge ir perfilando opciones de actuación, así que votaremos verbalmente y con constancia del voto en el acta oportuna. Ya saben que somos un número impar, para que no exista empate. Procedamos, se va a votar que si otorgamos plena seguridad al informe y si es necesario publicar la noticia. Vayan votando:
- Bienvenida: Informe contrastado y obligación de conocimiento público.
- Lucendo: Exactamente igual que lo que ha expuesto la doctora.
- Prudencio: El informe es respetable pero no me vincula a confirmar su exactitud, esto me lleva a recomendar el secreto máximo y a llevar a cabo la expedición.
- Anastasio: Coincido plenamente con Don Prudencio.
- Evaristo: Bien, pues en este caso, una vez más, tengo que decidir, hasta estos momentos me he mantenido al margen de realizar algún comentario, llegado el momento, he reflexionado de todo cuanto he leído y escuchado. Antes de definirme, les voy a conectar, vía satélite, la realidad actual del fenómeno, nuestra red de inteligencia, nos da estos datos. Observen, el territorio helado de Alaska, esos registros de color púrpura indican fuerte actividad magmática. El cono sur del globo, la Antártida, el mismo síntoma. Africa del Norte, desierto del Sahara, misma intensidad del proceso. Mongolia, en Asía, lo mismo; son de momento en zonas de territorios extensas y escasamente habitadas, pero tenemos hasta un número de 50 puntos calientes. Todo esto me hace pensar que el desencadenante está en marcha. Por lo tanto, me inclino a pensar que en efecto, el informe, llamado Caos, es veraz. Por lo tanto, no puedo poner en duda su valor. Sin embargo, desde mi formación en leyes, no puedo, ni debo considerar por probado algo que aún no lo ha sido, ni por supuesto hacer valer una libre aceptación de información a la población, para que se produzcan efectos más perniciosos. Por lo tanto, tras esta difícil elección, apuesto, por votar a favor del informe y en contra de su publicación. Así de una forma distributiva, les doy la razón a la parte de la consejera Bienvenida y de la otra al consejero Prudencio. Emisión que el mediador oficial Sr. Lucendo procederá a enviar de inmediato a consultas de la presidencia del gobierno.
Se levanta la sesión hasta nuevo aviso.

Fuera del protocolo formalista, todos los consejeros hablan distendidamante. La primera parte de la labor ha finalizado.

Gracias, queridos amigos espectadores. Habéis presenciado la escenificación de la primera parte del juego de mesa que más está de moda, ya sabéis su nombre, Hermetismo Pernicioso, con él jugarás a condenar o salvar la Tierra de infinidad de desmanes y desastres.

No lo olvides en estas fiestas, el mejor regalo de carácter intelectual es, Hermetismo Pernicioso, es un juego patrocinado por Bipack, la empresa más monopolística y manipuladora de esta sociedad de consumo.

Cuentos: Sucedió en la Noche más Buena

En aquella pequeña casa de campo abandonada, la oscuridad abarcaba toda la mugrienta estancia. En una noche fría y cerrada la sensación de desamparo era sobrecogedora. Los pordioseros habitantes de la ruinosa construcción, se apiñaban y trataban de conciliar el sueño. Sus cuerpos encogidos y ateridos se enredaban en sus sucias y roídas mantas. Los lamentos, toses y murmullos, de vez en cuando, se hacían notar, pues la enfermedad, el hambre, el dolor y la desesperación se habían apoderado de sus maltratados cuerpos.
Momentos después, tras superar, por cansancio, esta situación de manifiesto desamparo, cada uno de los individuos que allí moraban, un bebé, niños, ancianos y adultos, en número de nueve, los mismos que componían el conjunto de esta familia de indigentes desheredados; se sumieron en un sueño muy profundo.
En plena calma y oscuridad, el frío intenso se había difuminado, algo nuevo e indescriptible se había apoderado de aquellas ruinas y de sus desdichados inquilinos. La calcinada puerta de acceso a la única pieza de aquel refugio, se iba abriendo muy lentamente. Entre chirridos y crujidos una luz muy poderosa, pero en nada hiriente, se iba introduciendo en el interior. Aquellos durmientes, ajenos a toda esta novedosa y extraña energía, continuaban gozando de un sueño reparador y placentero. Sus cuerpos, no estaban contraídos, ni sus caras mostraban contrariedad, miedo o agonía. Al contrario, sus semblantes destilaban placidez. Aquel foco luminoso, como si de una sonda se tratara, fue examinando uno por uno a todos los individuos de la familia. Tras dar por terminada su misión, el haz luminoso se retiró y de nuevo la oscuridad volvió a reinar en todo el entorno.
Transcurridos unos minutos, unas luces potentes y molestas apuntan a la puerta del refugio, tras bajar precipitadamente de aquel vehículo, dos individuos se internan en la casa y con dos potentes linternas alumbran a los inquilinos. Tras identificarse como números de la Benemérita rural, son invitados a ser trasladados a dependencias asistenciales.
Todos los miembros de la familia, son llevados en el todo terreno, a las dependencias de Cáritas. Durante el largo viaje, con destino a un centro de acogida, uno de los guardias civiles que lleva en sus piernas a un chaval de cinco años, comenta y pregunta al padre de la prole:
- Tranquilo, ya veréis como esta Nochebuena, lo vais a pasar a salvo y comiendo caliente. Incluso hasta polvorones. Por cierto, a pesar de estar abandonados a vuestra suerte, no tenéis expresiones ni de dolor, ni de frío, y eso que la noche estaba muy cruda. ¿De quién fue la idea de lanzar un cohete de señalización?
- Sr. Guardia, le aseguro que ninguno de nosotros hemos sido. Somos muy pobres, y como podrá comprender no llevamos esos aparatos.
- Ya, parece lógico, pero os aseguro, que si hemos venido hasta donde estabais, ha sido porque una luz refulgente y permanente, nos ha indicado vuestra posición. La verdad es que no lo entiendo. Desde el puesto de guardia, que se encuentra a 30 kilómetros, se veía perfectamente vuestra localización y no tuvimos ningún problema en descubriros.
- Bien está, lo que bien acaba, pero es muy extraño. ¿A ti no te lo parece pequeño?
- A mí no, yo sabía, que algo bueno iba a pasar.
- ¿De verdad?, y dime ¿por qué lo sabías?
- Muy sencillo, se lo pedí a Jesús, ¿Acaso no ha nacido esta noche?
Los dos guardias civiles se miraron perplejos. Los demás miembros de la familia, que viajaban, muy apretados, en el Land Rover, se miraban unos a otros, pero sus caras, tan sólo, rebosaban felicidad. Incluso el bebé, que estaba despierto, no paraba de balbucear y de emitir gritos de complacencia.
Han pasado diez años, y cada Nochebuena, desde aquella maravillosa que vivimos en la casa abandonada, nos reunimos todos los miembros de la familia a vivir y compartir la Buena Nueva, la que todos los años celebramos quienes
profesamos que Jesús, viene a cada uno de nosotros. Dejémosle penetrar en nuestra humanidad y veremos como su Luz nos ilumina y nos guía.